LA INFLUENCIA DE LA SOCIEDAD EN EL SEXO DEL CEREBRO

La influencia de la sociedad en el sexo del cerebro



El artículo que vamos a comentar hoy es el escrito por Catherine Vidal en junio del 2017 en la revista Viento Sur. Se llama “El sexo del cerebro: más allá de los prejuicios”.

 El artículo reflexiona si las diferencias entre hombres y mujeres, con sus roles diferentes en la sociedad, tienen una base solo biológica, en base a sus hormonas, o por el contrario va relacionada con la cultura, ambiente social…

 En el 2015, en un artículo de Vidal y Benoit-Browaeys, respecto a la pregunta el cerebro tiene sexo, la respuesta que se obtuvo fue sí y no.

 Sí porque el cerebro controla las funciones asociadas a la reproducción sexual que evidentemente son diferentes entre hombres y mujeres, y no porque los conocimientos actuales sobre el desarrollo del cerebro y la plasticidad cerebral demuestran que las chicas y los chicos tienen la misma capacidad de razonamiento, de memoria y de atención.

 Vidal en el 2010 habla de la plasticidad cerebral haciendo referencia a que la historia propia de cada persona se escribe en su cerebro, estas diferencias son tan amplias que sobrepasan las diferencias entre sexos.


Un ejemplo de plasticidad cerebral es la evolución de las costumbres, las normas culturales, de las leyes…que permiten al ser humano cambiar de hábitos y elegir diferentes itinerarios de nuestra vida.

 Respecto a las hormonas y el cerebro se ha visto que una de ellas como la oxitocina, llamada hormona de la unión en los animales(influye el aseo,la relación entre machos y hembras,entre machos y crías... ), en cambio en los humanos no tiene ese efecto.

 También encontramos la testosterona, cuya relación con el deseo sexual y la agresividad no está apoyada por los estudios científicos, si no con el medio de relación y socio-económico. La evolución en el cerebro humano indica que somos capaces, independientemente de nuestras hormonas, gracias al córtex cerebral, de controlar instintos y emociones.

 El artículo hace pensar que todas las tesis, estudios, alusiones en los que quieren diferenciar el comportamiento entre hombres y mujeres, en base a sus hormonas, no está justificado teniendo más fuerza el comportamiento en base a cultura y normas sociales.

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